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lunes, 28 de febrero de 2011

Biblioteca Mastronardi de Gualeguay





Escalera de entrada a la Biblioteca
La Biblioteca Popular Carlos Mastronardi, que lleva este nombre desde 1977, pertenece a la Sociedad de Fomento Educacional Dr. Antonio Medina, fundada el 8 de diciembre de 1891 por una asamblea de vecinos reunida en el Teatro Nacional y promovida por la comisión directiva de la Sociedad de Socorros Mutuos La Argentina.

Además de la Biblioteca, la Sociedad de Fomento Educacional desarrolló y desarrolla una amplísima labor cultural y social, a la que se suma la Biblioteca Infantil inaugurada en el año 2000 en la planta baja del edificio, las presentaciones artísticas y las funciones cinematográficas de los sábados.
Balcón terraza de la Biblioteca



 …desde donde se domina gran parte de la ciudad y desde donde se puede apreciar el indescriptible espectáculo de la puesta de sol sobre los tejados y los jardines de Gualeguay. (“El Supremo” en el bicentenario de la fundación de Gualeguay)





El 4 de septiembre de 1892, comenzó sus actividades en un local alquilado, propiedad de la Sra de Piaggio.
 



En 1907, se adquirió el terreno que hoy ocupa su edificio en la calle 25 de mayo 414 y General Urquiza (Cerrito y Urquiza de aquellos años), inaugurado el lunes 8 de julio de 1912 a las 21 y 30.
 
 






Posee un reservorio de obras antiquísimas, proveniente de donaciones de antiguos vecinos sí como la base bibliográfica proveniente del desaparecido Club El Progreso. 
                                                                      
Periódicos gualeyos de 1877 y 1891
  


Su hemeroteca aloja primitivos periódicos de la ciudad de Gualeguay del siglo XIX y XX, así como la colección de la revista Caras y Caretas desde 1898 a 1933 y los números de El Mosquito del año 1874.
El Mosquito de 1874 y Caras y Caretas de 1901
















Bibliografía
Nidya Rampoldi, Claudio Marcelo Piaggio, Daniel A. Gabriel, Patricia Míguez Iñarra – Espacios Públicos con Historia -  Ediciones del Clé, 2002
Diario El Supremo – Suplemento A tus 200 años, Gualeguay… 1983
Comisión del bicentenario de la fundación de Gualeguay – Publicación Ad Hoc - 1983 



domingo, 27 de febrero de 2011

Intendente Vs cocheros, Gualeguay 1912


En 1912 se produjo un curioso conflicto en Gualeguay.

Frente a la Municipalidad de Gualeguay algunos años después del episodio narrado en esta nota. Pueden observarse varios medios de transporte personal de la época.

Microhistoria

 Los cocheros, que en Buenos Aires se llamaban mateos, algo así como los taxistas y/o remiseros de la época, representados por los señores  Alejandro Giaccio, Enrique Ferreccio, Rafael Romero y Luis Delay, se enfrentaron con el ejecutivo Municipal a cargo del Dr. Joaquín R. Crespo. La disputa desencadenó una huelga de los cocheros que duró dos meses, con gran repercusión tanto en la población como en el Poder Legislativo comunal a tal punto que el Intendente se vio obligado a renunciar. 
 
Coche en descanso
La incidencia debe mirarse hoy como si todos los medios de transporte, pero todos, todos,  de la Ciudad de Buenos Aires dejaran de prestar su servicio por tiempo indeterminado. Si bien Gualeguay de ese tiempo no tenía la actividad de Buenos Aires, no de hoy sino de la misma época, ni tenía sus dimensiones, el coche representaba el único medio de transporte para que las personas pudieran trasladarse de un punto a otro de la localidad y de la campaña, para aquellos que no tuvieran sulkies, jardineras, volantas, otro tipo de carruaje o por lo menos un caballo o no poseyeren la habilidad de conducirlos y quisieran viajar con “algo de comodidad” por calles y caminos nada amigables.

Cochero en su carruaje

Por otra parte los primeros diez automóviles, los famosos Ford T, únicos que podían andar en esas calles y caminos, se empezaron a comercializar en Gualeguay en 1916.
No obstante, el llamado coche de plaza (porque sus paradas estaban en esos sitios) o “servicio de carruajes de alquiler”, como lo llamaba la ordenanza reglamentaria, perduró hasta bien entrada la década de 1950.

Los Cocheros parecen haber sido un gremio muy combativo o quizá envalentonados por haber volteado a un Intendente, repitieron sus huelgas en 1914 en dos oportunidades y de nuevo en 1916 por motivos parecidos y diferentes a los de 1912. Pero esta vez las acciones terminaron en empate, en 1914 se impuso la Municipalidad en la primera y los cocheros en la segunda. En 1916,  volvió el problema de la indumentaria que se quería imponer a los cocheros. Estos se movilizaron con la adhesión de los gremios de carreros y los fabricantes de ladrillos más parte de la población. Finalmente se derogó la ordenanza sin renuncias de por medio. Los detalles en el video al pie de esta entrada.
 
Prof. Humberto P. Vico
 

Todos estos datos fueron consultados  en la Historia de Gualeguay (1910 – 1940) del profesor Humberto P. Vico, segundo tomo de su obra editada por Colmegna en 1977.




Basado en el mismo, años después, Héctor Miguel Argot, Lito para sus amigos, realizó un audiovisual sobre antiguas fotografías que luego se copió a video VHS y finalmente este video fue digitalizado. Este trabajo dura aproximadamente una hora. 
 
Lito Argot

Por la antigüedad de las fotografías y la tecnología utilizada en su realización, la calidad de las imágenes es similar a las de las películas primigenias. Por tal razón separamos los cinco minutos que relata la primera huelga de los cocheros, intentamos su restauración digital, reemplazamos algunas fotos que no se veían bien y mediante la técnica de Stop Motion, animamos las imágenes para darles un dinamismo acorde a estos tiempos.


Vaya todo esto como un tributo por partida triple al aniversario de Gualeguay, al Profesor Vico y a nuestro inolvidable amigo, 
Lito Argot.

Esperamos que su familia no encuentre reparos a lo hecho. 

Jorge Surraco
video
Audiovisual Historia de Gualeguay de Lito Argot  (fragmento de la huelga de los cocheros)


sábado, 26 de febrero de 2011

El Museo Histórico de Gualeguay


Frente del Museo en la calle San Antonio


 El Museo Histórico Regional Juan B. Ambrosetti es una de esas instituciones. Su nombre hace referencia al prestigioso arqueólogo nacido en Gualeguay el 22 de agosto de 1865 y fallecido en Buenos Aires el 28 de mayo de 1917.  Pocos días atrás, el 19 de febrero de 2011, se ha recordado el aniversario de la fundación del Museo aunque, como veremos más adelante, no hay coincidencia con respecto al día, mes y año de ese punto de partida.

“Posee 5 salas en las cuales distribuye una colección de armas de la época de la Confederación Argentina, sellos en lacre y retratos del General Urquiza, una colección de sombreros y abanicos. También se exhiben valiosos objetos relacionados con Garibaldi, una colección de monedas y billetes y equipos de telecomunicaciones antiguos.” Así describe al Museo Ambrosetti, la página web de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de Gualeguay:
 
Sala de armas y uniformes
“De las cinco salas de exposición, la primera es en honor al antiguo morador de la de la vivienda, el Médico Asistencial, Intendente y director del Hospital, Dr. José María Pagola; el resto lleva el nombre de los hombres que tuvieron la generosidad de legarnos este ambicioso proyecto: Don Segundo Luis Gianello, Dr Francisco Barroetaveña, Sr Fernando Tost y el Escribano Jorge Míguez Iñarra.”   Informa un folleto de difusión del Museo que más adelante continúa:

Las Colecciones: El Museo cuenta con Archivo Histórico, Biblioteca y una variada colección de objetos y artefactos que pertenecieron a nuestra región relacionados con la comunicación, el transporte en lo terrestre y fluvial, el comercio, la salud pública, de la vida y el trabajo rural, una variada colección de armas de fuego y de uniformes, monedas y billetes, instrumentos musicales, vestimentas, accesorios y objetos de uso cotidiano.”
Primera sala deel Museo

La vieja casona de San Antonio Norte 230 que actualmente es la sede del Museo, como ya se dijo,  fue la vivienda del médico, filántropo y político Dr José María Pagola a quien se la había obsequiado el pueblo de Gualeguay en agradecimiento por su desempeño durante la epidemia de cólera de 1867.  El Dr Pagola había llegado a nuestra ciudad en 1854 proveniente de España y aquí se afincó, formó su familia, desarrollando una profunda y activa labor en instituciones oficiales y privadas de la localidad, tanto en su especialidad como en las de interés general y social de la población.

Otra vista del frente
Cumpliendo con la voluntad póstuma del Dr. Pagola, su hijo, el Dr. Martín Pagola, donó la propiedad al Municipio, que en la resolución de creación del Museo, decidió que fuera la sede del mismo.

Con respecto a las diferentes fechas de la fundación que hemos encontrado, las mismas difieren tanto en el día como en el mes y el año.

El facebook,  Museo Juan Bautista Ambrosetti, que creemos es oficial de la institución, dice textualmente en el encabezamiento de la página: Nació el 19 de febrero de 1946.

La página web de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de Gualeguay en cambio lo da como fundado en 1949.


El tercer tomo de la Historia de Gualeguay del profesor Humberto Vico, en la página 136, pasando revista a los acontecimientos de 1948, nos informa: “El 1º de septiembre se creó una importante institución cultural, el Museo Histórico Regional, denominado más tarde Juan B. Ambrosetti.”   Tenemos ya publicados tres años y dos meses distintos de la fundación, pero ahí no terminan las diferencias.



El libro Gualeguay de Bolsillo, de Nydia Rampoldi, Patricia Míguez Iñarra y Daniel Gabriel, en la página 58, así como en el blog del mismo nombre, consigna el año 1948 sin indicar ningún mes.


Por nuestra parte, revisando recortes periodísticos de la época, en el diario El Debate, cuya reproducción fotográfica publicamos más abajo, en su edición del 17 de febrero de 1948, encontramos la siguiente información que titula:Quedó creado el Museo Histórico Regional de Gualeguay. El Comisionado Municipal interino, señor Segundo Luis Gianello, ha concretado hoy…”   (Sugerimos leer el recorte). Entendemos que el hoy se refiere al día de la fecha de la edición y el tiempo verbal utilizado, nos sugiere que en esos años este diario salía por la tarde porque si hubiera sido edición mañanera, tendríamos que suponer que el cronista la redactó el día anterior y en ese caso, el hoy no actualizado por ayer correspondería al día 16.

Recortes del diario El Debate
La fecha del 17 de febrero de 1948, la recoge Nydia Rampoldi en la página 78 del Libro Espacios Públicos con Historia, que escribiera con Claudio Marcelo Piaggio, Daniel A. Gabriel y Patricia Míguez Iñarra. También el folleto del Museo que mencionáramos antes, consigna la misma fecha.

El libro de Nydia Rampoldi nos informa además que en 1949 en la casona de San Antonio Norte 280 (sic), funcionaba la Escuela de Capacitación Profesional Nro 113, por lo que el Museo debió funcionar en la Casa Municipal. Cuando la escuela se traslada a su nueva sede en 1962, el 16 de noviembre de ese año se decide que el Museo pasara a la casa que se había dispuesto en el momento de su creación. Pero esta resolución, recién pudo concretarse el martes 19 de febrero de 1963.  
Es posible que este ambular del Museo durante quince años esperando su casa y la suma de resoluciones respecto al mismo en distintas épocas, haya provocado la confusión de fechas anotadas. Si bien este tema puede no ser importante, pensando al Museo como una persona que además queremos, nos parece que le gustaría saber exactamente cuantos años tiene y la real fecha de su nacimiento.

Como se podrá apreciar en el texto también hay diferencias en la dirección de la sede entre el libro Espacios Públicos con Historia, el folleto del Museo y la página web de la Secretaría de Turismo, lo que tampoco sería importante porque en Gualeguay son pocos, por no decir ninguno, los que conocen los nombres de las calles y los números de las casas. Por suerte se conserva cierto sabor pueblerino que entre otras cosas, cuando uno pregunta por un lugar o domicilio, la respuesta siempre va a ser: “enfrente de…; al lado de…; a la vuelta de…”, dando una referencia supuestamente conocida por todos, pero a los que hemos faltado mucho tiempo de ese querido lugar, la respuesta puede resultarnos desconcertante.
 Jorge Surraco

sábado, 19 de febrero de 2011

Certezas del enseñar y dudas del aprender - 3

Documento 3                                                          por Jorge Surraco

Reflexiones I
Praxis, reflexión y acción para transformar
Julio Barreiro, en el estudio preliminar a La educación como práctica de la libertad, de Paulo Freire, nos dice que para el autor “... la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.”
Pensada de esta manera la educación es un acto de comunión, un encuentro, donde los seres humanos se ayudan a descubrir su palabra, a ser dueños de su propia voz.
“No puede haber palabra verdadera que no sea un conjunto solidario de dos dimensiones indicotomizables (partido en dos), reflexión y acción. En este sentido decir la palabra es transformar la realidad. Y es por ello también que el decir la palabra no es privilegio de algunos, sino derecho fundamental y básico de todos los seres humanos. Pero, a la vez, nadie dice la palabra solo. Decirla, significa decirla para los otros. Decirla significa necesariamente un encuentro de los seres humanos. Por eso, la verdadera educación es diálogo”. (Paulo Freire, La educación como práctica de la libertad, Siglo XXI Argentina)


Así planteada, la educación es un acto de amor en el sentido más comprometido, despojado y lúcido de la palabra; de coraje, en el significado más enérgico, visceral y activo del término. Es un andar atractivo e inquietante hacia la libertad. Si logra sus propósitos implica el paso de la conciencia mágica a la conciencia ingenua, de allí a la conciencia crítica y, como meta necesaria, la conciencia activa. El término conciencia en este caso se refiere a los distintos niveles de captación y comprensión del mundo real que pasa a ser nuestra realidad.
“La conciencia crítica es la representación de las cosas y de los hechos como se dan en la existencia empírica. En sus correlaciones causales y circunstanciales. La conciencia ingenua (por el contrario) se cree superior a los hechos dominándolos desde afuera y por eso se juzga libre para entenderlos conforme mejor le agrada. La conciencia mágica, por otro lado, no se considera “superior a los hechos” dominándolos desde afuera, ni se juzga libre para entenderlos como mejor le agrada. Simplemente los capta, otorgándoles un poder superior al que teme... Es propio de esta conciencia el fatalismo que lo lleva a cruzarse de brazos, a la imposibilidad de hacer algo frente al poder de los hechos consumados...” (Vieira Pinto, Álvaro: Consciencia e Realidade Nacional, Río, ISEB, M.E.C. – Citado por Paulo Freire en La educación como práctica de la libertad)

Se entiende que estos niveles de conciencia se transforman uno en otro en un proceso de transitividad, de cambio. Para Paulo Freire la conciencia mágica está más ligada a un estadío de intransitividad, de quietismo, de ausencia de compromiso. También refiere a una posible distorsión o patología de la conciencia ingenua, cuando se carga de simplicidad en la interpretación de los problemas, de prejuicios, de impermeabilidad a la investigación y una acentuación del gusto por las explicaciones frágiles en la argumentación, lo que conduce a la conciencia fanática.
“Es propio de la conciencia crítica su integración con la realidad (mundo real), mientras que lo propio en la ingenua es su superposición a la realidad (mundo real)”. (Paulo Freire, obra citada)
Se ha planteado como meta necesaria a la conciencia activa, pero la realidad es que cualquier nivel de comprensión de la realidad construida sobre el mundo real, lleva en algún momento a la acción. Pero... “la naturaleza de la acción corresponde a la naturaleza de la comprensión...” dice Paulo Freire o lo que es lo mismo, si la compresión es crítica, la acción también lo será. Si la comprensión es mágica, del mismo modo será la acción.

Un punto de partida

Todo esto implica ver el tema desde otra perspectiva distinta a la que tradicionalmente recorre la enseñanza en general. No partir de lo que el profesor sabe o quiere enseñar, sino de lo que el alumno, futuro profesional, necesita aprender en la situación de cambio e incertidumbre permanente de la vida actual. Esta idea no implica sojuzgar al docente sino transformar el aula en un laboratorio de aprendizaje donde enseñantes y enseñados construyen cotidianamente el conocimiento individual y colectivo, enriqueciéndose mutuamente en un dar y transformar lo mejor de cada uno. Porque educar no significa en su etimología llenar de conocimientos o  adaptar el sujeto a un conjunto de concepciones, sino extraer,  en el sentido de la metáfora socrática referida al papel del educador, comparándose el mismo Sócrates, a través de Platón, con la comadrona que ayuda a alguien a dar a luz.

En la Mayéutica, en diálogo con Teeteto, el filósofo dice en determinado momento:
“SÓCRATES: El oficio de partear, tal como yo lo desempeño, se parece en todo lo demás al de las matronas, pero difiere en que yo lo ejerzo sobre los hombres...y en que asisten al alumbramiento no los cuerpos, sino las almas... Y se ve claramente que ellos nada han aprendido de mí, y que han encontrado en sí mismos los numerosos y bellos conocimientos que han adquirido, no habiendo hecho yo otra cosa que contribuir con el dios a hacerles concebir”. (Platón, Diálogos Selectos, Centro Editor de América Latina).

Preguntar, cuestionar, discernir con seguridad, si lo que el alma de un joven siente es un fantasma, una quimera o un fruto real..., es la función que Sócrates (Platón) adjudica al educador o por lo menos a sí mismo como educador, aunque se refiere a otros intentos de su época como educación viciosa, que hacen más caso de quimeras y fantasmas que de la verdad. Esta acción  conduce a dolores (que el educador puede despertar o apaciguar, cuando quiere, en virtud de su arte), produce descubrimientos, cambios en su personalidad, en su vida y establece las bases de un futuro.
Por eso “...la educación tendría que ser, ante todo, un intento constante de cambiar de actitud. De crear disposiciones democráticas a través de las cuales... se sustituyan hábitos de pasividad por otros de participación e ingerencia...” (Paulo Freire, obra citada)

La enseñanza socrática no pertenece solamente a la antigüedad, sino que ha tenido su proyección a lo largo de la historia y actualmente se la considera una valiosa estrategia de enseñanza, planteada y estudiada así por David Perkins en su libro La escuela inteligente, basándose en el tercer método educativo creado por Alfred Adler.


El centro del accionar educativo
La educación tradicional ha centrado su acción en el sujeto que enseña donde el sujeto que aprende se convierte en objeto, en un depósito, una conciencia concebida como un espacio vacío que debe ser llenado por fragmentos de conocimientos concebidos por otros. Desde la nueva perspectiva surge una educación dialogal, que se opone a la educación monologal tradicional. Educación dialogal no es solamente educación por medio del diálogo. Significa que nadie puede adjudicarse el mérito de educar a alguien; que tampoco nadie se educa solo y que sujeto que aprende y sujeto que enseña, se educan entre sí mediatizados por el mundo, por su contexto.

“Una sociedad de aprendizaje, parte de la base de que todos sus miembros son aprendices permanentes. Unos a otros se facilitan los aprendizajes. La universidad tradicional y contemporánea ha centrado la formación en el sujeto que enseña. Se han creado dos culturas: el sujeto que aprende (estudiante) y el sujeto que enseña (profesor). Se admite, que sin estudiantes no existe la universidad, pero todas las contingencias del aprendizaje se organizan de forma tal que, aún sin intención, dan más valor al que enseña que al que aprende. El concepto de libertad de cátedra se ha ido aplicando a la labor del profesor únicamente, sin incluir al estudiante, cuando preferiblemente debería ser utilizada para el libre flujo del conocimiento. Las dos culturas tendrían que dar paso a una sola: a la del sujeto que aprende. Una universidad en donde todos formen parte de una comunidad de aprendizaje permanente. En donde, profesores y estudiantes sean aprendices; donde la administración y gestión del sistema se oriente a facilitar expresamente el proceso de aprendizaje y creación: y en donde los programas de estudio se diseñen, modifiquen y transmitan día a día en función de las innovaciones, nuevos conocimientos y nuevas tecnologías de enseñanza-aprendizaje..... Conlleva la dosis de humildad necesaria de quien por su experiencia y capacidad, reconoce sus limitaciones, comparte sus conocimientos y aprende hasta el final de sus días lo mucho que desconoce. ...donde aprender es una aventura compartida, fascinante, intrigante y necesaria, en vez de autoritaria, fatigosa y aburrida.”
(Miguel Ángel Scotet-La formación Universitaria frente a la Explosión del Conocimiento)

(continuará)

jueves, 3 de febrero de 2011

Vigencia de Roberto Epele (video)


Esta es la última secuencia del documental que realizáramos sobre el Maestro Roberto Epele entre los años 2007 y 2009. Lo que puede verse aquí como su título lo indica, es la vigencia del pensamiento y la acción de este hombre extraordinario.

Roberto Epele (Maestro)

Roberto Epele
 Roberto Epele, maestro inolvidable de Gualeguay, fue pionero en la obra humanitaria de contención y educación de la infancia desvalida, así como ejerció notable influencia en la formación de una generación de jóvenes que acudió a su inteligencia para poder alcanzar otras esferas del conocimiento, jóvenes que posteriormente llegaron a ser figuras relevantes de Gualeguay. Como síntesis de la figura de este hombre excepcional, transcribimos dos textos que nos parecen muy apropiados para recordarlo por la concisión y máxima expresión. Ambos textos fueron encontrados entre la gran cantidad de documentos que la hermana de Roberto, Chela Epele para mí, Mis Epele para sus alumnos gualeyos, nos facilitara en oportunidad de la realización del documental sobre la vida del maestro.

El primer documento, nos trae las palabras que el Dr Alfredo Urteaga, destacado abogado de Gualeguay, pronunciara con motivo de la inauguración del mausoleo levantado en 1965 en el cementerio de Gualeguay: 

Mausoleo de Roberto Epele en Gualeguay
 “La vida de Roberto Epele no puede exponerse como una biografía jalonada de fechas y hechos importantes. Lo grande de su vida fue un silencioso darse hora tras hora con profundo amor a sus semejantes. Su obra tampoco puede exponerse en forma común, pues no puede exponerse en exponentes materiales. Está en el interior de cada uno de los alumnos que tuvimos el raro privilegio de acercarnos a sus aulas. Y también en todos aquellos que sólo fueron espectadores de una existencia espiritual que desentonaba humildemente en el reino del materialismo… Vivimos tan de lleno en el mundo del egoísmo y del materialismo que tenemos nublado nuestro entendimiento para las cosas del espíritu. Nos resulta difícil comprender el espectáculo de un hombre que vive las enseñanzas de Cristo, sin adaptaciones… Su obra está viva en las semillas que germinan silenciosamente en nuestra alma. En su mausoleo sólo hemos transcripto una frase del Evangelio que nos recuerda que vive: Dios es Caridad. El que permanece en Caridad permanece en Dios y Dios en él (1 jn 4,16).

Frente del Hogar San Juan Bosco
El segundo documento es un poema que también resume en este caso poéticamente, ese relámpago que fue el paso de Roberto Epele por este mundo. En la sigla de la firma al pie del poema, creemos descubrir a Julio Faggiana, notable músico y poeta de Gualeguay. Si es así tenemos, en los documentos transcriptos, el testimonio de alguien que lo conoció de cerca, el Dr. Alfredo Urteaga, y el homenaje de quién no lo conoció pero igualmente recibió el impacto de su influencia. 
 
Imagen del poema original de Julio Faggiana

Josefa, Nicolás y Robertito
Roberto Epele nació en Gualeguay el 11 de setiembre de 1904. Sus padres fueron doña Josefa Eduarda Moreyra y don Nicolás Epele. Fue el mayor de siete hijos. Sus estudios primarios los cursó en la Escuela Normal de Gualeguay y los secundarios en el famoso
Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, siendo interno del albergue para estudiantes “La Fraternidad”. En Uruguay fue estudiante de primera línea y líder estudiantil y político. En Buenos Aires ingresó a la Facultad de Medicina, carrera que no terminó. Descubrió su amor por la matemática, en cuyo campo trabajó y, caso curioso, camino por el cual llegó a Dios desde su agnosticismo. En Gualeguay, fue director del Hogar Escuela San Juan Bosco, desde su fundación en 1942 hasta el 6 de febrero de 1960, fecha en la que falleció durante una 
de sus clases.


Celia Epele
Portada del libro de Celia sobre su hermano
  No conocí a Roberto Epele ni comparto su fe religiosa, pero una serie de hechos y la sensación de sentir su presencia en las calles de Gualeguay, en los comentarios tanto de los que lo conocieron como de aquellos que habían heredado referencias, me llevaron a realizar un documental sobre su vida, que demandó un trabajo de investigación y documentación entre los años 2007 y 2009, a partir de relacionarme con su hermana y preservadora de su memoria, Chela, Celia o Mis Epele, como se la conoce. 

El documental “Conociendo al Maestro Epele”, no es un documento objetivo ni es el reflejo de la opinión de sus admiradores, sino la exposición del proceso de mi propio acercamiento a su figura. El video fue estrenado en Gualeguay en mayo de 2009 en el Hogar Escuela San Juan Bosco y en este blog ofrecemos dos secuencias de las quince y 94 minutos que componen el documental.         Jorge Surraco

Roberto Epele joven


miércoles, 2 de febrero de 2011

Mastronardi y Epele (video)



Carlos Mastronardi y Roberto Epele mantuvieron una gran amistad y compartieron muchas horas de mate, conversaciones filosóficas y búsquedas espirituales. Cuando Epele regresa a Gualeguay, luego de una larga permanencia en Buenos Aires, se refugia en un altillo de la casa paterna donde se operará su conversión espiritual. Mastronardi fue compañero y testigo de ese proceso tal como lo narra en su libro “Memorias de un provinciano”. En ese lugar, ese altillo aún existente, pudimos filmar algunas escenas de la presente secuencia.

martes, 1 de febrero de 2011

Carlos Mastronardi (Poeta)

 




Recuerdos de su infancia en Gualeguay (1901-1914)















Tuvimos un gran árbol, para un barrio su efluvio.
Adentro iba una voz disponiendo esplendores
y en los patios duraba la sombra de los nuestros…
Entonces, los regalos venían de los montes.

La dicha entretuvimos mirando unas amigas.
Lentas, bajo sombrillas de colores, llegaban
a pasar con nosotros un cariñoso día
de manos ocurrentes y flores visitadas.

Son recuerdos. Ese árbol queriendo todo el patio,
aquellos que no vuelven a su sombra, otras voces,
las tardes que venían oliendo a campo. Lejos
quedaron, con la vida reservada de entonces.
……………………..
 Luz de Provincia (Fragmento)
de Conocimiento de la noche (edición de 1956)



…….
   En aquellos lejanos días, mis paseos no respondían a ninguna voluntad de ofrenda. Por imperio de la edad, todo era juego desaprensivo y contemplación gratuita. El 7 de octubre de 1910, hacia el anochecer, miré el cielo apagado. Mis ojos se detuvieron en su luz purísima. Había llovido por la mañana, pero las nubes, al apartarse, dejaban ver el azul delicado de la altura. Aquel cielo me atrajo como si fuera la intimidad de una persona extraordinaria y remota. El suave color del espacio se fue borrando en la hora fría, pero de alguna manera persiste en mí. Como era el día de mi cumpleaños, y acababa de recibir un telegrama congratulatorio de mis padres, que estaban en Buenos Aires, y como el agasajo acentuaba mi nostalgia, ese antiguo crepúsculo se fijó en la memoria de su testigo. Desde un patio, sí, como quien advierte por primera vez que la caducidad y la hermosura van juntas, miré el cielo mortecino de aquel 7 de octubre.

Unos meses antes había mirado el cometa Halley, visitante celeste que me despertó durante dos o tres madrugadas. En efecto, se me llamaba en la alta noche para que lo viera, pues no otra cosa quería mi curiosidad, mi afición a lo prodigioso. Esa presencia astral me lleva a pensar en los inviernos de antes, de los cuales nos defendía un brasero de bronce –lo rodeaba una vasta circunferencia de madera donde descansaron mis pies- en cuya hondura el fuego era vívido y alegre.

   En los hermosos días me era dado ganar la fronda y conocer las afueras. Con otros chicos, una fresca tarde de verano, pasé frente a una casa que estaba en el linde del pueblo; a través del alambrado vi un viejo caballo blanco que pacía en el traspatio agreste. Causaba la impresión de haber quedado allí para siempre, como si ningún poder humano o divino pudiese perturbarlo. No lejos del animal inmóvil estaba sentado un hombre de edad…

Fragmento de Las fiestas y los héroes, capítulo III de Recuerdos de un Provinciano

 
Carlos Mastronardi, nació en Gualeguay en 1901 y falleció en Buenos Aires en 1976, donde vivió gran parte de su vida, trabajó como periodista y concretó su obra poética, plena de juegos de la memoria con presencia nostálgica de la vida rural y provinciana, la reflexión sobre el mundo real y el paso del tiempo.


Bibliografía:
Poemas, antología de Carlos Mastronardi, Selección y estudio de Jorge Calvetti, EUDEBA, Bs. As. 1966.
Mastronardi, Carlos, Recuerdos de un Provinciano, Ediciones Culturales Argentinas, Bs. As. 1967.
Fotografías del archivo del Museo Ambrosetti de Gualeguay, procesadas y retocadas digitalmente 
por Jorge Surraco.